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Fuente: GMCRH

17/11/2015

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Un gran cúmulo de investigación sugiere que, independientemente de nuestros motivos para trabajar muchas horas, jefes demandantes, incentivos financieros, ambición personal, la sobrecarga de trabajo no nos ayuda.

Para empezar, no parece resultar en más producción. En un estudio entre asesores realizado por Erin Reid, profesora de la Escuela Questrom de Negocios de la Universidad de Boston, los gerentes no pudieron señalar la diferencia entre los empleados que de hecho habían trabajado 80 horas a la semana y los que simplemente fingieron hacerlo.

La sobrecarga de trabajo puede obstaculizar la comunicación interpersonal, la elaboración de juicios, la lectura del rostro de otras personas y el manejo de las propias reacciones emocionales.

Aunque los gerentes efectivamente penalizaron a los empleados que fueron transparentes respecto de haber trabajado menos, Reid no pudo encontrar ninguna evidencia de que esos empleados de hecho lograran menos, o ninguna señal de que los empleados muy trabajadores lograran más.

Considerable evidencia demuestra que la sobrecarga de trabajo nos afecta a nosotros y también a las compañías para las que trabajamos.

Numerosos estudios realizados por Marianna Virtanen del Instituto de Salud Ocupacional de Finlandia y sus colegas (así como otros estudios) han encontrado que la sobrecarga de trabajo y el estrés resultante pueden conducir a todo tipo de problemas de salud, incluyendo problemas de sueño, depresión, abuso de alcohol, diabetes, problemas de memoria y enfermedades cardíacas.

Por supuesto, esas cosas son malas en sí mismas. Pero también son terribles para los estados financieros de una compañía, pues llevan al ausentismo, la rotación de personal y costos crecientes en los seguros médicos.

Los investigadores han encontrado que la sobrecarga de trabajo (y el estrés y cansancio que le acompañan) puede obstaculizar la comunicación interpersonal, la elaboración de juicios, la lectura del rostro de otras personas y el manejo de las propias reacciones emocionales; todo lo cual se requiere en la oficina moderna.

Incluso si le gusta su trabajo y trabaja muchas horas voluntariamente, simplemente es más probable que cometa errores cuando está cansado.

Solo entre uno y tres por ciento de la población puede dormir cinco o seis horas por noche sin sufrir alguna pérdida de desempeño. Si trabaja demasiado, también perderá de vista el panorama general. Investigaciones sugieren que conforme nos agotamos, tendemos más a perdernos por las ramas.

En resumen, la historia de la sobrecarga de trabajo tiene que ver con rendimientos decrecientes: siga trabajando de más y trabajará progresivamente de forma más estúpida en tareas cada vez menos importantes.

Ahora, esto no quiere decir que nunca podamos trabajar mucho un día. Simplemente que no podemos hacerlo rutinariamente. Gran parte de las investigaciones que he visto sugiere que la gente puede trabajar una o dos semanas de 60 horas para resolver una verdadera crisis. Pero eso es distinto a la sobrecarga de trabajo crónica.

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